Frases sobre la mujer en voz de Hemingway

Publicado el día 21 de Julio del 2015, Por @MxSoho

En el aniversario del nacimiento del escritor, un homenaje a él a través de su forma de entender a la figura femenina.

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Aguas primaverales (1926)
 
Cuando estaba ebrio, él y su mujer se sentían felices.
 
Cualquier mujer puede ser útil al paso que van las cosas. 
 
Nunca se sabe si una mujer queda satisfecha.
 
Una mala mujer es peor que no tener ninguna.
 
Una mujer alta va bien como hermana.
 
 
Fiesta (1926)
 
Estuvo casado durante cinco años, tuvo tres hijos, perdió la mayor parte de los cincuenta mil dólares que su padre le había dejado –el resto de los bienes había ido a parar a su madre– y se templó en el poco atractivo molde de la infelicidad doméstica con una mujer rica.
 
Y precisamente cuando hubo tomado la resolución de dejar a su mujer, fue ella quien le dejó a él, largándose con un miniaturista.
 
El café es bueno para ti. Contiene cafeína. Cafeína, nous voilá, la cafeína hace subir a un hombre a caballo y bajar a una mujer a la tumba. 
 
Tener amistad con una mujer es una cosa estupenda. Realmente estupenda. En primer lugar, uno tiene que estar enamorado de una mujer para que la amistad tenga una base.
 
Pensé que lo había pagado todo de una vez, al revés de las mujeres, que pagan y pagan y vuelven a pagar. 
 
 
Adiós a las armas (1929)
 
Los italianos no quieren mujeres tan cerca del frente. 
 
Empezaba a notar esta dificultad, tan masculina, de permanecer mucho tiempo con una mujer en los brazos.
 
¿Qué otra cosa puede querer un hombre con una mujer como esa, sino venerarla?
 
A menudo un hombre tiene necesidad de estar solo, y una mujer también tiene esta necesidad; y, si se quieren, están celosos de constatar este sentimiento mutuo.
 
A menudo me había sentido solo estando con otras mujeres, y así es como se siente más solo. 
 
El remo, de manera moderada, lo recomiendan a las mujeres encintas.
 
Soy partidario de la cesárea. Si fuera mi mujer es lo que haría.
 
 
Tener y no tener (1937)
 
Tiene usted mala suerte y es posible que la tenga buena con las mujeres. 
 
–Yo también he tenido juventud. 
–Eso no importa cuando la mujer vale. 
 
Para tener una mujer así hay que ser escritor o de la Federal Emergency Relief Administration. ¡Qué mujer más horrible!.
 
Me interesa como mujer y como fenómeno social.
 
Al mirarle notó también una impresión de angustia en el pecho. Por primera vez supo lo que siente un hombre al mirar a otro por quien le deja su mujer.
 
Eso de querer ser una misma muchas mujeres es espantosamente fatigoso y, además, en cuanto él se cansa de una viene otra y se lo lleva.
 
 
Por quién doblan las campanas (1940)
 
Hay que dar tabaco a los hombres y dejar tranquilas a las mujeres.
 
Y ahora, si eres una mujer, además de ser comandante, danos algo de comer.
 
Es una buena mujer, muy leal a la República.
 
Mi caballo bonito, mi caballo, tú no eres una mujer como un volcán ni una potra de chiquilla con la cabeza rapada; una protanca mamona. Tú no insultas ni mientes ni te niegas a comprender. Mi caballo, mi caballo bonito.
 
¿Y adonde iré yo? No podré llevarme ninguna mujer a donde yo tenga que ir.
 
–¿Y las mujeres?
–No me gustan mucho, aunque nunca les he dado gran importancia. 
–¿No te interesan?
–Sí, pero no he encontrado ninguna que me haya conmovido como ellas dicen que deben conmovernos.
–Creo que estás mintiendo. 
–Quizá mienta un poco.
 
–Tú, inglés, que no sabes nada de mujeres, ¿sabes lo que se siente cuando se es una mujer fea? ¿Sabes tú lo que es ser fea toda la vida y sentir por dentro que una es guapa? Es algo muy raro. 
 
–Yo hubiera hecho un hombre estupendo; pero soy mujer de los pies a la cabeza y una mujer fea. Sin embargo, me han querido muchos hombres y yo he querido también a muchos. Es cómico.
 
–No soy una viciosa, soy una mujer de hombres. 
 
–No hay mucha gente que diga la verdad; ninguna mujer te la dirá. 
 
–Si voy a ser tu mujer, tengo que procurar darte gusto en todo.
 
–Si no tuviese que trabajar con esta mujer (...), acabaría con ella a bofetadas.
 
–Vamos, come con nosotros. En mi tierra ningún hombre come antes que su mujer. Toma un trago y ve a decir a la mujer que has fracasado. 
 
–Hay mujeres de una estupidez y una brutalidad insoportables. 
–Es para hacer juego con los hombres de pocos cojones.
 
Detestaba la injusticia tanto como la crueldad. Y siguió debatiéndose en la rabia que cegaba su entendimiento, hasta que, gradualmente, la rabia fue mitigándose, hasta que la cólera, roja, negra, cegadora y asesina, fue disipándose, dejando su espíritu tan limpio, descargado y lúcido como el de un hombre momentos después de haber tenido relaciones sexuales con una mujer a quien no ama en absoluto.
 
Sabía que no era posible confiar en nadie. En nadie. Nunca. Ni en la propia mujer. Ni en el hermano. Ni en el más viejo camarada. En nadie. Nunca.
 
 
El viejo y el mar (1952) 
 
No soñaba ya con tormentas ni con mujeres ni con grandes acontecimientos ni con grandes peces ni con peleas ni competencias de fuerza ni con su esposa. Solo soñaba ya con lugares y con los leones en la playa.
 
Decía siempre la mar (...) El viejo lo concebía siempre como perteneciente al género femenino y como algo que concedía o negaba grandes favores, y si hacía cosas perversas y terribles era porque no podía remediarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer.
 
 
Islas en el golfo (1970)
 
Desde entonces había amado a muchas mujeres y de vez en cuando alguna se quedaba una temporada en la isla. Le gustaba tenerlas con él, a veces durante bastante tiempo. Pero al final, cuando se marchaban sentía alegría, aun cuando le gustaran mucho.
 
Había conseguido aprender a no discutir con las mujeres y arreglárselas para no casarse. Ello le había resultado casi tan difícil como aprender a sentar cabeza y a pintar de manera constante y ordenada. Pero al final lo había aprendido y esperaba haberlo hecho para siempre.
 
Haz que el mar rompa en la línea de  diez brazas y la luna asome por el ojo de la tormenta. Haz que venga una ola  enorme y se engulla a todo bicho viviente. Haz que las mujeres vuelen hacia el mar  mientras la fuerza del viento las desnuda. Y que haya negros muertos flotando por todas partes y volando por los aires.
 
Es posible que haya procedimientos más aconsejables para terminar con una mujer sin ser grosero ni que se haya producido la menor discusión: dejarla a las 21 horas ante una mesa de restaurante, excusándose por ir al lavabo y no volver.
 
Lo estábamos pasando la mar de bien, divirtiéndonos como nunca y de pronto las mujeres tienen que echarse a llorar y lo  complican todo. Sé que lo hizo con buena intención, pero, al diablo. Con la buena fe  se salen con la suya mejor que con nada. Mi vieja tiene siempre muy buena fe y me  hace la vida imposible un día y otro y otro. ¡Al diablo con ellas!
 
Está obsesionado con las mujeres. Abres un agujero en su cabeza con un taladro y le salen corriendo mujeres.
 
–He sido muy feliz con las mujeres. Desesperadamente feliz. Irresistiblemente feliz. Tanto que me parecía imposible porque era como estar bebido o algo loco.
 
–Hay dos cosas que odio. Que un hombre llore, aunque naturalmente sé que en algún momento tiene que llorar. Y que hable mal de su mujer.
 
–Un orgullo sin vanidad. El fracaso es su hermano, y la mierda es su hermana y la mujer es su muerte.
 
–Tú crees que con hacerle el amor a una mujer basta. Nunca piensas que ella pueda desear estar orgullosa de ti. Ni en las pequeñas ternuras.