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Todo lo que sé de las mujeres
@MxSoho

Seis personas que conocen a las mujeres de manera muy diferente a lo común, dan tips que tal vez te sean útiles en el intento por saber más de ellas (sí, es posible). Toma nota.

Por Mujer Luna Bella

Creo soy una mujer muy sencilla, aunque no me gusta decir que lo soy, porque creo que en el momento en que lo digo dejo de serlo. Me considero muy sincera, transparente y social. Trato de no ocultar ningún defecto, siempre me muestro tal y como soy en todas las redes sociales.

Las mujeres que más me gustan son flaquitas, chaparritas, ni con mucho busto, ni tampoco sin nada, igual de glúteos: ni tan tan, ni muy muy; normales.

Desde los 15 años empezaba a tener sueños húmedos con ellas, mas no quería aceptarlo. Una noche de borrachera cinco mujeres me encerraron en un baño y me agasajaron, así fue mi primer acercamiento con las mujeres.

Esas chavas fueron los hombres, yo ni podía moverme de lo ebria que andaba, además aún era de clóset… estaba asustada.

Para prender a una mujer lo que tienes que hacer es acariciarla suavemente, con amor, con pasión, empezar con besos en la boca, después en su cuello y terminar de encenderla chupando sus senos.

Se le seduce primero con la mirada, después con una plática amena, en la que ella se sienta cómoda, se pueda expresar y sienta que le pones toda la atención del mundo. Que ella sepa que es lo más importante.

No tengo un lugar específico para ligar, porque soy una figura pública, muy conocida, así que cualquier lugar se me facilita, la verdad. No es que yo vaya y seduzca, sino que ellas se me ofrecen.

Un consejo: lo que no debes hacer nunca a una mujer es quererla besar a la fuerza si te dice que no.

Pese a todo, me siguen gustando más lo hombres que las mujeres: soy adicta al pene, eso me pone un poco más salvaje. No podría vivir sin los hombres. Ellos cogen mejor, pero las mujeres saben hacer a la perfección el amor, el sexo oral.

Mi posición sexual preferida es arriba porque me gusta dominar. Soy entusiasta de los típicos juguetes sexuales, ya sabes: vibradores y consoladores de todo tipo y tamaños.

La parte que más te gusta de la mujer es su silueta con poca luz, siempre ha sido así. Me excita la figura de la mujer; más que el morbo, amo el erotismo, todo despacio, jugando, imaginando, tocando lento, así, comerla poco a poco. Amarla y respetarla. Todo al ritmo de rock alternativo o baladas románticas, que es la música que más me gusta cuando hago el amor.

La verdad sí veo porno lésbico, más cuando voy a hacerlo con una mujer o cuando estoy por masturbarme yo sola. Pienso en los senos cuando quiero excitarme.

Hacer un trío es fascinante, ya sea con hombres o con mujeres. Me gustan mucho.
Como soy una mujer multiorgásmica, yo creo que fácil tengo de 10 a 12 orgasmos por relación.

Por Benjamín Prado

Lo que sé de las mujeres es que con ellas nunca se sabe.

Lo que sé de las mujeres es que una pareja nunca se puede estar seguro de cuántos son.

Lo que sé de las mujeres es que un clavo saca otro clavo.

Lo que sé de las mujeres es que cuando tú tienes la última palabra... ellas tienen todas las demás.

Lo que sé de las mujeres es que borrarlas de tu vida te deja una tachadura.

Lo que sé de las mujeres es que hay que tener cuidado con lo que no les dices.

Lo que sé de las mujeres es que es mejor no haberlas conocido que tenerlas que olvidar.

Lo que sé de las mujeres es que la vida es demasiado corta como para no perderla con ellas.

Lo que sé de las mujeres es que son a la vez de hierro y de cristal.

Lo que sé de las mujeres es que saben hacer que las encuentres igual que si las estuvieras buscando.

Lo que sé de las mujeres es que se las puede echar de menos a la vez que escapas de ellas.

Lo que sé de las mujeres es que se las saben todas.

Lo que sé de las mujeres es que mientras caminan junto a ti también van un paso por delante.

Lo que sé de las mujeres es que pueden convertir las casas vacías en casas abandonadas.

Lo que sé de las mujeres es que es más fácil imaginar las cosas que verlas.

Lo que sé de las mujeres es que los sueños consisten en no saber que estás dormido.

Lo que sé de las mujeres es que hay que mirar a ambos lados antes de cruzar.

Lo que sé de las mujeres es que los pasos en falso también son parte del baile.

Lo que sé de las mujeres es que nada separa tanto a algunas personas como estar juntos.

Lo que sé de las mujeres es que pasar por el aro no te convierte en un león.

Lo que sé de las mujeres es que hay respuestas que no merecen una buena pregunta.

Lo que sé de las mujeres es que con la misma pala que cavaste tu tumba puedes desenterrar un tesoro.

Lo que sé de las mujeres es que la felicidad es encontrar lo que buscas en lo que ya tienes.

Lo que sé de las mujeres es que no hay obstáculo más difícil de saltar que todo lo que hubo entre dos personas.

Lo que sé de las mujeres es un secreto a voces.

Lo que sé de las mujeres es que no todo lo que no reluce no es oro.

Lo que sé de las mujeres es que uno puede necesitar lo que no le hace falta.

Lo que sé de las mujeres es que el problema se resuelve cuando la suma de todas es igual a una sola.

Lo que sé de las mujeres es que no conviene llegar demasiado lejos con alguien que no te sigue.

Lo que sé de las mujeres lo aprendí entre la espada y la pared.

Lo que sé de las mujeres lo vi cuando tenía la mirada perdida.

Lo que sé de las mujeres me viene grande.

Lo que sé de las mujeres es que no hay que confundir una carrera con una estampida.

Lo que sé de las mujeres es que su anillo cambia lo que estaba escrito en tu mano.

Lo que sé de las mujeres es que conviene tener hechas las maletas, aunque sea para siempre.

Lo que sé de las mujeres es que no importa si algo te salió muy caro, sino si valió la pena.

Lo que sé de las mujeres es que lo contrario de estar solo no es estar acompañado sino que te escuchen.

Lo que sé de las mujeres es que son un sistema de medida de lo incalculable.

Lo que sé de las mujeres es que lo que se finge no es una parte de lo que ocurre.

Lo que sé de las mujeres es que volver a empezar se parece más a retroceder que a seguir avanzando.

Lo que sé de las mujeres es que a veces no está clara la diferencia entre compartir algo y repartírselo.

Lo que sé de las mujeres es que estar en un error no sale en los mapas.

Lo que sé de las mujeres es que sin ellas se puede vivir pero no se puede estar vivo.

Por Gonzalo Siu Moguel

Desde muy pequeño he tenido contacto con la medicina: mi papá es médico y mis tres hermanas son doctoras. Cuando eres niño quieres ser muchas cosas, pero lo mío siempre fue la medicina. Crecí con una idea romántica, en la que ayudas a alguien, puedes vencer incluso a la muerte y no dependes de alguien más que de ti mismo para hacer las cosas bien.

Para mí la ginecología une la parte clínica con la parte quirúrgica, es impresionante tratar de conocer a la mujer. Y digo tratar porque cada una es un ser único.

El ginecólogo es un ser humano que tiene una formación universitaria en el estudio de la mujer. Es de suma importancia ser médico, pero también poder oírlas, tener empatía con la paciente y, en algunas ocasiones, ser confidente.

La importancia de mi profesión radica en ser un soporte para la paciente, en los ámbitos físicos, como en las enfermedades, procedimientos quirúrgicos, acompañarla en la formación de una familia con el nacimiento de un hijo. Escucharlas, orientarlas, muchas de las mujeres que acuden a consulta más que a un doctor necesitan a un amigo, alguien en quien confiar.

Lo más bonito de mi profesión es traer un bebé al mundo, un ser tan deseado, tan querido, esperado; una persona que tiene alma y cuerpo, que es tan delicado. Poder participar en eso es lo más extraordinario que me ha tocado vivir.

Estrictamente, hablando de la anatomía y fisiología del cuerpo femenino, sí puedo decir que sé más de las mujeres que la gente de a pie. Tuve una formación universitaria de más de seis años para ser médico, cuatro para ser ginecólogo, dos años de subespecilidad y un año más de un curso de alta especialidad. La verdad es que cada mujer es única, son tan intrigantes que yo creo que nadie llega a conocerlas a fondo.

Creo que las mujeres son superiores a los hombres porque son capaces de hacer muchas cosas al mismo tiempo. No es posible generalizar, pero considero que ambos sexos pueden desempeñarse de igual forma, siempre que ambos sean dedicados.

Ojalá que todo fueran buenas noticias en mi profesión, la gran mayoría sí son, como cuando dices que van a ser papás, o cuando nace el bebé. Eso es realmente sencillo y depende de la personalidad que hayas desarrollado y la empatía que generas con los pacientes. Cuando hay malas noticias, eso es un dilema: acostumbrado siempre a la felicidad, cuando toca algo malo, en lo personal me afecta, por varios días, incluso hay ocasiones que pasan meses para poder superar ese sentimiento.

Es necesario conocer a la paciente, hay muchas que prefieren la noticia tal y como es, cruda, aunque duela, son muy racionales y procesan la información. Hay pacientes que es preferible decirlo poco a poco, en general son mucho más sensibles.

Ellas son tan fascinantes por la complejidad que conllevan, porque son un ser único y perfecto, porque a partir de ellas nace la vida. Por el sacrificio que hacen, desde el momento de ir creciendo, de lograr el embarazo, el cuidado para con sus hijos y pareja. Además de todo eso, son profesionistas, exitosas. Hay un mundo de hormonas cada mes y, a pesar de eso, ellas siguen siendo las mismas.

No sé si alguna paciente se haya excitado durante una revisión, al menos no me lo ha dicho abiertamente. Pero sí, alguna ha hablado un poco de más cuando tienen efecto de algún anestésico. La respuesta sexual humana es compleja, entonces no sería tan raro que pudiera suceder en algún momento.

Sí se me han insinuado, sin embargo es necesario poner un límite y conocer a tus pacientes: en algunas ocasiones, llegan a pedir opinión pero están en algún situación complicada, pueden estar más vulnerables, necesitan alguien que las apoye. Ahí participa la integridad que tengas como ser humano.

Hay pacientes muy guapas, atractivas, increíbles en todos los aspectos, pero al final del día son eso, pacientes, y las tienes que ver y tratar de esa forma. Debes poner tus propios límites, pero claro que hay algunas con las que tienes mayor empatía.

Afortunadamente no he tenido quejas de mis amantes, pero más que el conocimiento técnico que da la formación médica, lo que sí me ha ayudado es la práctica que te da atender a muchas mujeres, en tratar de entender. Parte de ser un buen amante, es saber escuchar a tu pareja, poder dar y recibir placer. Dar espacio y libertad, no limitarla.

En fin, mi profesión me ha llenado de muchas satisfacciones, algunas situaciones tristes, pero son las menos. El hecho de participar en algo tan sagrado como es la vida humana, poder traer vida a este mundo, ver las sonrisas de los nuevos papás, eso es la mejor recompensa.

Por Hamilton Ladino

Llevo 14 años en esta profesión. A diario atiendo entre 10 y 12 mujeres, modelos, reinas de belleza, ejecutivas, amas de casa. Conmigo se sienten tranquilas. Este lugar es para ellas mejor que un confesionario, y en un estilista como yo encuentran a un amigo, al mejor psicólogo. Conmigo se sienten cómodas y se sinceran. Me cuentan todo: sus problemas, sus inquietudes, lo que quieren. Las divorciadas, las que terminaron con su novio, las que tienen baja autoestima, en relación con otras mujeres o con sus parejas, son las que más me lloran. Lo mejor es que al final, después de confesarse, salen relajadas y más bonitas de lo que llegaron.

Las mujeres tienen muchas cosas positivas: son disciplinadas, ordenadas, multifacéticas, muy buenas amigas. Son más decididas. He tenido casos de niñas que se cortan el pelo muy chiquito sólo porque saben que sus compañeras no van a ser capaces o no las van a dejar hacerlo. Se arriesgan con tal de tener un look diferente a las demás.

De ellas podemos aprender muchísimo. Son muy inteligentes. Al hablar con ellas me doy cuenta de que son brillantes.

Hasta para poner los cuernos son más inteligentes. Uno de hombre no sabe ni mentir. Ellas saben cómo manejar una infidelidad. Aquí veo de todo al respecto. Como, por ejemplo, una novia a la que estaba arreglando para su boda y ella hable y hable con el amante, con el otro. Él le decía que quería ir a la fiesta y le proponía que se perdieran en medio de la reunión, como en una película gringa. Ella le decía: “Estás loco, tampoco soy tan osada”.

Las mujeres se quejan mucho de los hombres por desordenados, por irresponsables. Dicen que no las entendemos, que no comprendemos que a ellas les toca depilarse, pintarse el pelo, hacerse de todo. Se aburren de sus maridos, a veces por el tema sexual, porque sienten que su pareja no va por el mismo camino que ellas. Unas se quejan porque el marido es muy sexual, otras porque no lo es o porque no les practica sexo oral. Y si no tienen sexo con frecuencia, se sienten rechazadas.

Dicen que sus maridos son aburridos en la cama y poco creativos. Recuerdo a una chica, por ejemplo, que se quejaba porque su marido creía que por tenerla grande y meterla, era suficiente. Le pregunté que si prefería que la tuviera chiquita y juguetona. Ella me respondió que lo que quería era que la tuviera grande, pero que la moviera rico. El descuido sexual de sus maridos es lo que las lleva a la infidelidad. Igual, las cosas han cambiado y muchas son infieles.

Algunas son inconformes y se quejan de su pelo, de sus senos, de sus nalgas, de su cintura, de su estatura, de su edad, de una lonjita aquí, de la nariz allá. Lo que más las atormenta es la gordura. Nunca están satisfechas con lo que son. Esto hace parte de las cosas negativas que encuentro en las mujeres: son inseguras, celosas, vanidosas al extremo y psicorrígidas. Planifican y apuntan todo. Creo que eso les choca a los hombres. Ellas podrían ser un poco menos rígidas.

Es que no les gusta cambiar de look, siempre se peinan para el mismo lado, quieren que este pelito les quede siempre igual, o que no les toque el copete que han tenido desde niñas.

Las rubias son, por lo general, muy seguras, decididas, vanidosas, les gusta llamar la atención. Tienen mundo, les gustan las cosas finas. Eso sí, son susceptibles a morir. Las pelirrojas son un poco inseguras, pero muy creativas en todo lo que hacen, apasionadas, cumplidas. Se arriesgan en el amor y en la vida. Las morenas y castañas son psicorrígidas y clásicas, hogareñas y buenas mamás. No les gustan los cambios, sufren por el qué dirán, son de carácter fuerte y de una sola palabra. Pueden llegar a ser conformistas, algo tacañas y un poco egoístas.

Cuando vienen buscando un cambio, siempre les pregunto por qué quieren hacérselo. Por lo general, lo hacen porque se sienten inseguras en su trabajo o con su pareja, porque su esposo las está dejando por una otra. Todas sueñan con tener el pelo rubio, de una u otra manera. Yo les digo que no se trata sólo de cambiarse el color del pelo, de adelgazar o de volverse 90-60-90.
Hay que ver qué hay detrás de todo eso. Me ha tocado ver mujeres que siendo bonitas se creen feas. Algunas lloran después de que las arreglo o de un cambio de imagen porque descubren que son bellas.

Eso sí, la mayoría son vanidosas. Todas, sin importar el estrato, lo son y quieren estar arregladas. Hasta las que se consideran intelectuales. Ellas han querido verse bonitas desde niñas, pero les da miedo que asocien su belleza con ser brutas. Todas les huyen a las canas y se tiñen el pelo. Las separadas no quieren que ni su ex ni la novia de su ex las vean canosas. Y el pelo largo manda porque sin importar la edad de la mujer asocian tenerlo así con verse jóvenes.

El cambio generacional es evidente. Las chicas de hoy son más relajadas, menos complicadas con el tema de los novios. La prioridad de las jóvenes ya no es ser mamás, ahora piensan primero en desarrollarse, estudiar, viajar.

Eso está bien, pero creo que las mujeres están abusando de la liberación femenina y actuando a la par que los hombres. Creo que por eso hoy los matrimonios no duran.

Conozco interesadas a las que lo único que les importa de un hombre es el signo de pesos sin importar el tipo de persona que sea. Pero a la mayoría lo que les importa más son los detalles que tengan sus parejas, más allá del valor monetario de lo que les den.

Por Pepe Sánchez

Ya son 80 años, pero de las mujeres creo saber poco. Aunque una certeza sí tengo: son un misterio. Un misterio que los hombres, muchas veces, evitamos indagar, tal vez para no encontrarnos con sorpresas.

Creo saber que a las mujeres hay que tenerlas en cuenta, consultarles cualquier decisión, no verlas nunca como un instrumento o un objeto. Y creo saber que, en últimas, siempre es mejor hacerles caso… mentira, eso no lo creo, eso lo sé.

Y sé, también, que son más organizadas que nosotros, más centradas, más intuitivas, más prácticas. Y que son mejores administradoras. Y que son más hábiles para manejar las ciudades, los países, el mundo, pero menos hábiles para manejar otras cosas, como los coches.

Creo saber que hay que decirles todos los días que están bonitas y que (casi) siempre se lo creen. Que a veces es mejor no preguntarles “¿me preparas el desayuno?”, así uno quiera que le preparen el desayuno. Que nunca es bueno mencionar los kilitos de más que han ganado. Y que por nada del mundo se puede terminar una pelea con un “pues entonces no te lo vuelvo a dar…”.

En esto de las peleas creo saber, además, que en medio de una lo mejor para que se les pase la rabia a las mujeres es hacerse a un lado… hacerse pendejo, mejor dicho. Que hay que ceder y conceder. Que debemos ponernos en sus zapatos, dejar el machismo, ser tolerantes hasta con sus caprichos. Y creo saber que si la cosa se pone muy grave, no hay de otra que sacar la ropita y largarse, porque no existe posibilidad de olvido.

Sé que odian la grosería, la ramplonería. Por eso, no entiendo cómo logran casarse los políticos, los siempre malcriados y toscos padres de nuestra patria. Todos esos “honorables” deberían estar solteros. Creo saber que las mujeres se gozan las relaciones si uno se las goza también. Que el gusto por un noviazgo, por un matrimonio, se contagia. Sólo disfrutando uno, disfrutan ellas.

Creo saber que no hay que casarse para estar casado y declaro, para dar fe de ello, que de mis cuatro matrimonios sólo uno ha sido con ceremonia y notario. Y sé a ciencia cierta que es mejor no dejarlas metidas el día de la boda. A mí me pasó con una relación que ya estaba prácticamente muerta: me iba de viaje a Checoslovaquia, ella se me pegó, organizó el evento antes del viaje y me dejé envolver; pero algo había en mi subconsciente, porque se me olvidó el acontecimiento y no llegué.

Sé que a las mujeres les gusta el buen humor, que no hay un ingrediente que las enamore más. Sé que algunas se ríen por el ingenio y otras, por la tontería. Sé que si se entristecen hay que hablarles con cariño, decirles palabras dulces. Y sé que es importantísimo oír todo lo que tienen que decir.

Sé que son sensibles, que poseen un altísimo instinto de conservación, que perciben la realidad con agudeza, que lo analizan todo. Y que muchas lloran cuando ven una película triste —perdonen la redundancia—, pero que eso no las entristece necesariamente.

Sé que, por lo menos a mí y a un par más, nos enloquecen con su criterio siempre acertado y con sus manos expresivas, de dedos largos y rasgos finos.

Gracias, en parte, a mis cinco hijas, sé que las mujeres son independientes y autónomas, incluso en los momentos más difíciles. Gracias a mi mamá, sé que muchas son tiernas, solidarias, preocupadas por ayudar a los demás. Y lo sé porque ella, mi madre, fundó un orfanato para 200 niños sin tener un peso.

Sé, porque lo viví, que las checas de los años sesenta eran coquetas y libres a pesar del estalinismo, que no eran típicas mujeres del bloque soviético, que sufrían de las llamadas “deformaciones burguesas”. Y sé, por lo mismo, que las chilenas de esa década eran seguras, sin prejuicios, autónomas, adelantadas… una maravilla.

Creo saber que hay muchas diferencias entre las mujeres de esa época y las de ahora: hoy están menos reprimidas, se pueden manifestar con facilidad, poco a poco los hombres las estamos dejando ser… pero la mayor diferencia es que hace 50 años no tenían tantas arrugas.

He dirigido a cientos de mujeres, por eso sé que son responsables y serias a la hora de trabajar. Y que hay muchas incumplidas, algo que me saca de quicio.

Creo saber que a veces les exigimos demasiado. Y que por eso siguen tratando de ganarse un lugar en la historia. Sé que las hemos maltratado, las hemos subvalorado —¡qué brutos!—, y aun así se han sostenido en sociedades machistas.

Lo que no sé es por qué nos duele tanto cuando nos dejan, pero sí tengo certeza de que en un despecho lo mejor es no beber, pues la cruda se triplica. En ese caso, creo saber, es mejor sumergirse en la lectura, distraerse, acostumbrarse, porque en temas de mujeres, el tiempo no lo cura todo.

Creo saber que somos adictos a ellas, a ellas y a enamorarnos, y que a mí personalmente me encanta enamorarme.

Ya son 80 años y de las mujeres creo saber poco, pero sí sé algo de los hombres: que, no importa cuánto nos quejemos, no tenemos ni idea de vivir sin ellas.

Por Nacho Vidal

De las mujeres sé lo que ellas saben de sí mismas: absolutamente nada. Todas son diferentes. La Nasa tendría que hacer un estudio, largo y tendido, sobre ellas y no sacaría nada claro. Las mujeres son como un bosque lleno de flores, de todos los colores, y cada una huele diferente.

Lo que sé que les gusta a las mujeres del sexo abre un abanico de posibilidades. Cada una es un mundo. Con mi respuesta sé que algunas se sentirán muy bien y otras, insultadas. A unas, sorprendentemente, no les gusta que les chupen el clítoris porque son demasiado sensibles y a otras les encanta. A unas las vuelve locas que les muerdas el cuello, otras no lo soportan. A unas les encanta que les chupes los pies, otras no aguantan que se los toques. A unas les encanta que les chupes los pezones, otras no soportan que se los toques.

De lo que sí estoy seguro es de que el cuello y la nuca son sus puntos más sensibles.

Sé que las gorditas son muy buenas amantes y mojan mucho más la vagina. Son más calientes. Son más ricas en la cama. Lo siento por las delgaditas, pero las gorditas tienen mi corazoncito en este tema.

Mi primera esposa era japonesa y estaba bien, pero en cuestiones de sexo me quedo con las gringas y las latinas.

Uno cree que seduce a una mujer, pero son ellas las que seducen. Uno piensa que se las lleva a la cama y ellas son las que se lo llevan a uno. Las que dirigen son ellas. Tenemos que aprender el sexo sobre la marcha y darnos cuenta de que cada mujer es un laberinto.

Las posiciones que más les gustan a ellas son la del perrito, la cucharita, la del misionero y en la que están encima del hombre. No funcionan igual en todas las mujeres, porque dependen mucho del tamaño y la dirección del pene del hombre.

Las mujeres deportistas son sinónimo de buen sexo.

La edad de una mujer no es garantía de nada. Me he acostado con mujeres mayores que no tienen actitud en la cama y con jóvenes sin mayor experiencia que la tienen toda.

Con un amigo tengo una pelea constante, porque él dice que a todas las mujeres les gusta el sexo duro. No lo creo. Depende del momento. A las mujeres les gusta lento la mayoría de las veces y un día deciden probar lo contrario. Lo importante es saber leer lo que ellas quieren. El tiempo y tener una gran cantidad de sexo diario es lo que te da la confianza para ser un gran amante.

Yo, para hacerlas felices, les digo que sí a todo y trato de tener siempre conversaciones conciliadoras. Mejor hacerlo por las buenas, porque a las malas uno con las mujeres siempre sale perdiendo. Hay que darles siempre la razón, no como a los locos, porque a una mujer con mal carácter si uno le da demasiado poder —en el sentido emocional— te puede hacer polvo. Todo esto lo digo desde mi propia experiencia.

Parece que nunca están satisfechas, que no acaban de ser felices. Siempre buscan y quieren más. Uno les da todo lo que quieren, pero siempre les falta algo y se quejan por eso. Son muy buenas cuando son buenas, pero también pueden ser malísimas si se lo proponen.

Lo único que yo sé es que a las mujeres les encanta un hombre que las haga reír y cuanto más, mejor. No hay que ser un bobo, no hay que ser un chulo, no hay que ser un atrevido; lo que hay que ser es uno mismo, risueño, extrovertido, agradable, educado, divertido. Divertirse, reírse con ellas.

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