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La ira de las diosas
Por Julio Trujillo @amadonegro

Nunca jamás hagas enojar a una diosa: su venganza es instantánea e implacable, feroz.

No hagas enojar a una diosa. Escúchame lo que te digo: puedes tentar al destino de muchas formas, y qué bueno, porque tu rebelión es tu albedrío, pero nunca jamás hagas enojar a una diosa: su venganza es instantánea e implacable, feroz. Incluso si crees que hay posibilidades de provocar a una diosa sin querer, evítalo.

Como el bueno de Acteón, el cazador (cuando la caza no era de una incorrección política colosal), que un día, mientras caminaba en el bosque, vio (sin querer, apenas un segundo, así lo cuenta Ovidio) a Diana bañándose desnuda. Uf.

Jamás hubiera abierto los ojos: Diana, encolerizada, le aventó a Acteón lo único que tenía a la mano: agua, y al aventársela le dijo: “Ve a contarle a todos que me viste sin velo, si puedes...” Y en ese momento a Acteón le creció un par de cuernos y rápidamente todo él se convirtió en un ciervo.

¿Tú crees que ahí termina la brujería de Diana? No, ahí empieza, pues cuando el pobre Acteón se echó a correr descubrió que lo perseguían ¡sus propios perros! Para qué detallar el resto, que es gore, sólo digamos que el cazador, transformado en ciervo, fue asesinado por su propia jauría, “y hasta que no acabó su vida a causa de sus muchas heridas se dice que no se sació la ira de Diana”, cuenta Ovidio. Y todo por verla desnuda, de reojito.

¿Y qué me dices de la historia del desgraciado Tiresias, que no tenía vela en el entierro? Resulta que estaba el mismísimo Júpiter (Zeus para los griegos) pasando un buen rato con Juno (equivalente a la Hera griega, reina de dioses), olvidados de sus enormes responsabilidades, cachondeando nomás, cuando a Júpiter se le ocurre decir que seguramente Juno siente más placer que él (en otras palabras: yo doy más placer que tú). Ay. Craso error. Juno por supuesto lo niega, segura de que ella da más placer que él. Necean. Deciden que un tercero, con experiencia tanto de hombre como de mujer, zanje la cuestión.

Y piensan en Tiresias, que fue el primer transexual de la historia (podía convertirse de hombre a mujer, y viceversa, por milagros de la naturaleza). Lo llaman. El iluso Tiresias, incapaz de mentir, le da la razón a Júpiter, ¿y qué hace Juno?: le quita la vista. Ovidio lo dice más bonito: “Dícese que la hija de Saturno se dolió por el asunto más de lo justo y condenó por ello a su juez a que sus ojos tuvieran una eterna noche”.

Si lo piensas bien, Juno debió quedar satisfecha con recibir más placer y no con darlo, ¿no crees? Zeus se sintió tan mal que le dio otro tipo de vista a Tiresias: la capacidad de ver el futuro.

Por no hablar de Eris, diosa tan conflictiva que nadie la invitaba a ningún lado. Fue la única no invitada a la boda de Peleo y Tetis: pero intentó colarse de cualquier manera. Cuando le detuvieron el paso, Eris se vengó con una estrategia genial (la verdad): lanzó una manzana de oro que debía ser entregada a la diosa más bella... El resto de la historia es conocida: por no invitar a Eris a la fiesta, se generó una discordia tal que estalló la guerra de Troya y miles de personas murieron.

No provoques a las diosas, te lo digo.

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