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Je suis Mirrey
Soho Mexico

La primera vez que me percaté de que el término mirrey se había incorporado al imaginario colectivo fue en El Continental. Si eras cliente frecuente, podías dar por descontado que todo el personal se iba a referir a ti como mirrey.

Flashback. El 2 de noviembre de 2007, el Gobierno del Distrito Federal (GDF) realizó un operativo para clausurar el que quizá era en ese entonces el "afterhours electrónico" más celebrado de la ciudad: El Continental. 

 

Ubicado en Florencia, a una cuadra de Reforma, "El Conti" era un monumento a los poderes vinculantes del vicio: dealers, clasemedieros con ansia de fiesta, tepiteños millonarios, chicos de las Lomas, teiboleras rusas en busca de diversión tras una ardua jornada de trabajo, turistas amantes de las emociones fuertes, melómanos que de hecho sí iban a escuchar al DJ en turno y una larga serie de tribus dispares reventaban hasta ya entrado el mediodía. 

 

El argumento de Marcelo Ebrard para acabar la fiesta: tolerancia cero a la impunidad, sobre todo en lo que se refería a la venta de drogas al menudeo. Para subrayar la intensidad del supuesto compromiso anticrimen, El Continental fue expropiado. El crimen, desde luego, no disminuyó de manera significativa.

 

¿Por qué la remembranza? La primera vez que me percaté de que el término mirrey se había incorporado al imaginario colectivo fue en El Continental. Si eras cliente frecuente del antro "condición que implicaba un gasto recurrente inalcanzable para el grueso de los mortales", podías dar por descontado que todo el personal (cadeneros, meseros y hasta el chico de limpieza cuya verdadera misión era supervisar el tráfico de drogas en los baños) se iba a referir a ti como mirrey.

 

Los mirreyes estrellas de "El Conti" se ubicaban en el segundo piso, donde un mesero los escoltaba a un sanitario privado donde podían inhalar cocaína y cogerse a su acompañante. "Pásele por aquí, mirrey". "¿Todo bien, mirrey?". "Acá lo cuidamos, mirrey". El Continental ya no existe, pero los mirreyes son hoy los modelos aspiracionales que más sobresalen en la cultura popular mexicana.

 

El mirrey es algo más que una derivación del estereotipo del "junior" o el "pirrurris"; es el personaje emblemático de un sistema en el que la meritocracia es inexistente y los factores que dibujan la frontera entre la pobreza y la riqueza desorbitada son el crimen y el código postal. 

 

Detrás de la champaña, los guarros, y la pose caricaturesca de camisa abierta y "duck face" eterna, el mirrey no puede ocultar la grasa que lo define. No importa cuántas veces intente pretender en las revistas de sociales que forma parte de una aristocracia cosmopolita global, el mirrey es el cachorro estrella del sistema político empresarial que ha dominado el país desde mediados del siglo pasado. 

 

El paroxismo machín con el que el mirrey expresa su ostentación evidencia su origen revolucionario: había algo de Pancho Villa, por ejemplo, en Jorge Alberto López Amores, el hijo del procurador de Chiapas que se tiró del MSC Divina, el crucero en el que varias celebridades mexicanas pasearon por Brasil durante el Mundial de 2014. Amores no quería suicidarse, simplemente estaba intoxicado y quería llamar la atención con un lance bandolero, como suelen hacer tantos turistas mexicanos adinerados en el extranjero. 

 

El mismo talante fálico se desdobla cuando un mirrey de altura arriba a un lugar público. No basta con ocupar los mejores lugares: es imperativo molestar al mayor número posible de personas para que todos se den cuenta de que el mirrey está ahí. 

 

En Mirreynato (Planeta, 2014), Ricardo Raphael analiza los vasos comunicantes entre los mirreyes y el contexto de poder en México. De acuerdo con Raphael, "el mirrey es el sujeto que mayor privilegio obtuvo con el cambio de época y por ello el régimen de Enrique Peña Nieto puede ser bautizado como mirreynato". El texto de Raphael transpira premura y carece de una genuina investigación de campo; sin embargo, ofrece una serie de argumentos valiosos en torno a la desigualdad en México.

 

El apunte más agudo del libro es: el mirrey no es un personaje aislado de su entorno, pues reúne características que los mexicanos compartimos en distintos grados: desdén por la ley, actitudes discriminatorias, irresponsabilidad. 

 

Todos, finalmente, tenemos un mirrey en nuestro corazón plebeyo. 

 

AQUÍ PUEDES LEER LA INTRODUCCIÓN DEL LIBRO MIRREYNATO

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