La primera clase de sexo

Publicado el día 24 de Marzo del 2015, Por Soho Mexico

Aunque sea lugar común, la fantasía femenina de pagarle a un profesional para que te enseñe a coger (porque tú no sabes) resulta igualmente seductora. Este cuento la aborda, bien abordada.

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Una mujer en sus treintas quiere que alguien le enseñe a coger (bueno, como es española dice "follar"), que la encamine en la teoría y la práctica de un buen brinco. Hace tanto que no se da un revolcón que ya se le olvidó cómo se hace, así que pone un anuncio en el periódico: "Chica de 30 años, ni tonta ni fea, busca un profesional que le enseñe". Le responde un hombre que le asegura ser el mejor y promete ningún tipo de involucramiento emocional y la devolución del dinero si no se convierte en una experta en la cama.

Es el cuento "La nadadora", de la española Eugenia Rico (qué cosa de apellido, lo mucho que promete) y está incluido en Todo un placer. Antología de relatos eróticos femeninos, publicada por Editorial Berenice. La acabo de comprar en una librería de viejo y este cuento bien logrado es el primero que leo al azar. 

Como es muy improbable que vayas corriendo a la librería, lo encuentres y lo leas, aquí van un par de líneas disfrutables. Son sobre la primera "clase", que tiene lugar en el despacho del instructor: "Se puso a la práctica enérgica de algo que no sé cómo se llama pero debe tener algún nombre rico, porque es como cuando Aladino frotaba la lámpara, sólo que él frotaba incansable como esperando que yo le concediera un deseo, y cuando se cansaba su lengua, se ayudaba con unas manos suaves que no le habría supuesto yo a primera vista. Y a mí un sudor se me iba y otro se me venía. Le pregunté si no podríamos seguir al día siguiente, que a mí me parecía que como primera lección no había estado nada mal. Él ni me contestó, siguió a lo suyo [...]".

Evito citar más, no quiero convertirme en spoiler de las letras eróticas, pero me quedo con la fantasía femenina, que aunque sea lugar común resulta profundamente apetecible: pagarle a alguien para que te enseñe a coger porque tú no sabes. Y repaso la primera instrucción del maestro: que tú misma recorras con el dedo la distancia entre la oreja y el tobillo, pasando por todos los recovecos posibles.