Ir
De blancos, negros y grises
Soho Mexico

Mientras mis hijos se limitan a soñar con que Santa les traiga un balón (al popular) y un clarinete (al aplicado), yo empiezo mi carta así: ?Para los lunes, uno cariñoso que me ayude a arrancar la semana con espresso...".

Cuando mi hijo de nueve años se debate ?con todo el drama prepuberto que implica el incipiente camino hacia la definición de su hombría? entre ser ?cool y popular? o ?buena onda y aplicado?, la imagen de mi difunta abuela se imprime en mi mente. ?Las mujeres: damas en la mesa, señoras en la calle y putas en la cama?. Y de ahí pal real, una se va formando sabiendo que si quiere jugar en las grandes ligas, hay que entrarle de portero y delantero con igual destreza.

A ustedes les toca más fácil, como fichas de un tablero de Parchís eligen entre el azul y el verde y, por no liarla, se montan en un estereotipo, como si la vida fuera el casting de una pésima comedia gringa de los ochenta. Siempre he pensado que las mujeres somos más de grises, mientras que ustedes suelen ser más proclives a transitar entre el blanco más níveo y el negro más profundo.

Encuentro la misma disyuntiva que le quita el sueño a mi hijo en el panorama de cuarentones que me rodea. Sólo que, en el caso de la escena del adulto contemporáneo, el fenómeno además de ser totalmente inconsciente es bastante más triste y, por ende, limitante para nosotras, las féminas en búsqueda de algo que al menos se acerque al ideal que responda a nuestros infinitos matices de claroscuros.

Hagan memoria. Seguramente en algún momento su mamá les respondió: ?Aplicado, mijito? (quizá porque tras generaciones de hombres carpinteros, ya era hora de tener un médico en la familia), o ?Popular, chaparrito? (si lo que correspondía era pertenecer a un grupo que en un futuro les abriría ciertas puertas). Ya con los años el mandato los convirtió en autómatas que responden al off o al on; al sí o al no; al para siempre o hasta nunca. Y se tragaron el rol al pie de la letra y sin complicarse (que para líos mentales ya estábamos nosotras).

Entiendo que el peso de nacer con cojones, acojona a más de uno; los paran con unos zapatos muy grandes que llenar y quizá esa sensación paraliza un poco a algunos. ¿Cómo nos afecta esto? Nos deja a nosotras como niñas jugando a construir una insostenible figura de Lego, porque así como en la primaria había guapos futbolistas a los que había que pasarles la tarea, también estaban los nerds feos que nos resolvían la vida.

Entrada la secundaria no había mucho a dónde arrimarse. Finalmente, llegada la edad de la procreación y con la irremediable obligación de tomar partido, ahí estamos: ¿marido frío y proveedor o amante cachondo e irresponsable? O los dos, porque ya no somos niñas que el dinero del lunch les alcanza para papitas y paleta helada.

Y así, mientras mis hijos se limitan a soñar con que Santa les traiga un balón (al popular) y un clarinete (al aplicado), yo empiezo mi carta así: ?Para los lunes, uno cariñoso que me ayude a arrancar la semana con espresso y periódico en la cama; los martes, el afanoso para que cuelgue cuadros y arregle la lavadora; para los miércoles, tráeme al exitoso de corbata que me dé seguridad; los jueves confírmame que viene el delicioso boy toy que me dejará sin aliento; los viernes prefiero repetir con ese; los sábados, al brillante e ingenioso que despierte la carcajada inteligente y me lleve a lugares que no sé que existen. Con seis la armo, porque los domingos descanso. De preferencia que se llamen parecido, para no hacerme bolas. Gracias Santa.?

relacionadas SOHO
Comenta esta nota