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Campos de batalla
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De sus fotos en Interview a las de Vanity Fair, pasando por el cartel de promoción de la película El Rey Arturo: Tres imágenes icónicas que, a lo largo de los años, corroboran lo dicho por la actriz londinense: hay guerras que se libran desde el cuerpo.

La seguridad es el mejor afrodisíaco. Una mujer que se sabe atractiva, lo es. Y la atracción ya comparte atributos con la belleza. Hay que ser muy insegura para ser realmente fea, y más aún para, siendo bella, aspirar a la perfección que impone la moda. Uno se rebela al descubrir que grandes iconos como Nicole Kidman o Meg Ryan se hicieron papilla la cara, pero termina por entender la inmensa inseguridad que habita detrás de esa decisión, sumada a la muy agresiva presión social que se respira en esa biósfera. Ay, Meg: tu boca única, tu boca inocente y coqueta, ahora parece un producto de charcutería española.

Escribo esto admirado por las fotos de Keira Knightley que aparecieron hace un par de meses en la revista Interview. Keira, que es una flaca consumada, aceptó posar topless ante la cámara de Patrick Demarchelier con una condición: que no retocara, photoshopeara ni mucho menos aumentara el tamaño real de sus pequeños, hermosos senos. 

Aunque a un marciano le pueda sonar ridículo, al posar así, al natural y sin retoques, la imagen se transforma en una postura ideológica (sin perder un gramo de potencia estética). Keira declaró que la fotografía de moda es parcialmente culpable de que los cuerpos de las mujeres se hayan convertido en campos de batalla. Y sí. Kim Kardashian ha ido esculpiendo su trasero hasta convertirlo en una mesa de centro: tiene un amplio campo de batalla. Eso sí: lo ha mostrado recientemente con gran seguridad (y con gran angular, suponemos), por lo cual nos cae bien, a pesar de que sabemos que eso dejó de ser hace mucho tiempo un par de nalgas para convertirse en un raro, creciente animal al que dentro de poco va a tener que sacar a pasear con correa.

Volvamos a Keira: en los carteles de promoción de la película El Rey Arturo (2004) aparece más chichona de lo que realmente es, y ahí comenzó su incomodidad frente a las expectativas que su imagen generaba. Un par de años después posó desnuda para la portada de Vanity Fair. En dicha imagen la acompaña Scarlett Johansson, igualmente desnuda, y el diseñador Tom Ford, completamente vestido. El mensaje fue claro: no sólo igualaba en belleza siluetas tan diferentes como las de Scarlet y Keira, sino que enfatizaba las exigencias contrastantes que la fama impone a la sexualidad de hombres y mujeres. 

Tres imágenes icónicas que, a lo largo de los años, corroboran lo dicho por la actriz londinense: hay guerras que se libran desde el cuerpo.

Creo que, en cuanto a la belleza de hombres y mujeres, la aspiración más alta es ser como de veras somos. No me importa si esa nariz es operada o no, pero sí cómo la ostenta su dueña, cómo la habita, cómo es ella misma su nariz. 

Calvin Klein no ha contribuido en nada al usar recientemente a una modelo de talla mediana (la guapa Myla Dalbesio) en una campaña en la que hace promoción de su línea de tallas grandes. La propia Myla se declaraba desconcertada. ¿Ahora mediano equivale a grande? ¿Están dementes o qué? 

Bien hablaba Sor Juana de la neutralidad o abstracción del cuerpo frente al insondable depósito del alma?

Eso sí: si tu cuerpo es un campo de batalla, pido ser ambos ejércitos.

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