La animalidad de nuestra humanidad: Relatos Salvajes

Publicado el día 24 de Marzo del 2015, Por Soho Mexico

El hartazgo, la injusticia, la desilusión, el dolor, el miedo, el trauma infantil, el clasismo, la territorialidad, la corrupción, los celos, la traición: temas centrales de la cinta Relatos Salvajes, analizados por Valeria Villa.

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¡Todo es espejo!
(Octavio Paz)


Hace unos días vi la película argentina Relatos Salvajes (Damián Szifrón, 2014) y me quedé pensando durante varios días sobre qué tan sólidos son los límites: las cosas que estamos seguros de que jamás haríamos; todo lo que no hemos hecho solo porque no se han sumado las circunstancias necesarias para que mutemos de humanos a seres salvajes regidos por la animalidad, despojada de cualquier vestigio de pensamiento. 

Parece que nos da mucho orgullo ser los únicos animales sobre la tierra que piensan. Parece que eso nos hace mejores. Pero si uno mira bien el asunto de la racionalidad, de la libertad que en los humanos acota el instinto ? que sin equívoco guía al resto de los mamíferos? la ?cualidad? de ser animales racionales se vuelve aterrorizante. 

Porque con la libertad viene la responsabilidad. Y, si en el ejercicio de la responsabilidad somos unos brutos o inconscientes, o simplemente malvados, somos culpables de no hacerle caso al pensamiento y de dejarnos llevar por las pulsiones instintivas de sobrevivencia, delimitación y defensa del territorio y aniquilamiento de quien amenace lo que consideramos nuestro.

?Relatos Salvajes? está construida por 6 historias. Todas tienen un tono cómico de profunda negrura. ¿Qué harías tú si, por culpa de ?equis?, tu madre hubiera muerto y te lo encontraras cara a cara al dar la vuelta a la esquina? No echaré a perder las historias. Solamente diré que todas y cada una nos ponen frente a un dilema: qué hacer cuando se está en una situación límite, qué hacer cuando lo único de lo que tenemos ganas es de vengarnos. 

La venganza como pulsión casi irrenunciable es el hilo conductor de todas las historias menos una. También la denuncia de la desigualdad, el clasismo y la corrupción como un caldo de cultivo para la violencia. En un mundo (sobre todos en nuestros mundos hispanoparlantes) en el que la injusticia, el abuso cotidiano, sentir pisoteados nuestros derechos fundamentales en la forma de impuestos absurdos, abuso de autoridad, tráfico de influencias, la cordura se pierde paulatinamente. 

La vida, en un contexto en el que la indefensión es cotidiana, nos ha vuelto mucho más violentos y más agresivos de lo que alcanzamos a reconocer. Cada uno de esos personajes, podríamos ser nosotros: con ganas de matar, con ganas de escapar de la ley, víctimas de una ciudad que desangra a sus habitantes vía la corrupción.

No hagas enojar a una mujer: la elocuencia con la que Szifrón ilustra esta afirmación me parece insuperable. Uno piensa en cada momento que avanza el suspenso, que la tensión crece y se sabe que algo terrible está por ocurrir: pero qué imbécil, pero cómo se le ocurre hacer semejante cosa, pero es que yo jamás, nunca, ni loca, ni en drogas haría? Y unos instantes después, uno también se ve entendiendo la locura, el descontrol, la venganza perpetrada y la violencia. Sintiendo identificación con los personajes que encontraron un destino fatal, producto del hartazgo, la injusticia, la desilusión, el dolor, el miedo, el trauma infantil, el clasismo, la territorialidad, la corrupción, los celos y la traición.

Cualquiera puede ser protagonista de un relato salvaje. Esa es la pauta que nos conecta con el horror, el descontrol y el caos de la violencia. Nadie, nunca, debería sentirse ajeno a la posibilidad de actuar como un animal que no sabe de consecuencias. Asumirlo fortalece la autocrítica y la autocontención. Mucho más que declararse incapaz de maldad y de deseos de destrucción.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa.  
Se dedica a la consulta privada individual, familiar y de parejas.
Citas y contacto: valevillag@gmail.com