"Los últimos 30 años han hecho enorme diferencia para los gays": Simonetti

Publicado el día 24 de Marzo del 2015, Por Soho Mexico

Autor de seis novelas y fenómeno de ventas, el escritor chileno Pablo Simonetti presentó recientemente La soberbia juventud, novela con toques autobiográficos sobre un joven de clase alta que tiene problemas para vivir su homosexualidad. En SoHo platicamos con él.

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Ante la imposibilidad de vernos en México, acordamos encontrarnos por Skype para hablar de su nueva novela, publicada por Alfaguara. Pantalla de por medio, la comunicación no prometía ser la más fluida, pero platicamos a gusto. Así me entero de que el también activista por los derechos de las minorías sexuales no viene del mundo de la literatura: estudió ingeniería pero cuando se topó con los libros, dejó todo y se dedicó a escribir. Lo encuentro un tipo sensible, de ideas claras y que asume de frente su condición gay, tema central del libro. Aquí, fragmentos de lo que conversamos.

Sanar la relación familiar. Felipe, el protagonista de la novela, es guapo, tiene carisma, clase y educación. Goza de muchos privilegios, pero como viene de una familia muy conservadora le cuesta vivir como gay. Tiene que enfrentar su necesidad de ver al otro, de abrazarlo, además de sanar la relación con su familia, porque los problemas no resueltos con los padres se transfieren a tus relaciones de pareja. Cuando uno sale de un sistema controlado, como le pasa a él y como me pasó a mí, duda mucho y busca figuras de autoridad, pero resulta dañino porque te impide hacerte su propia idea de las cosas.

Las mujeres del siglo XIX y el gay actual. La novela parte de un amor desesperado, en el que todo se somete a los dictámenes de la pasión. Para construir a Felipe me basé en dos personajes que adoro: Isabel Archer, de Retrato de una dama, de Henry James, y Lily Bart, de La casa de la alegría, de Edith Wharton. Ambas son mujeres del siglo XIX, tienen el mundo a sus pies y todo el mundo las adora, pero no ven que tienen enfrente un amor de verdad. Igual le pasa a Felipe. Aunque los tres personajes creen poder demorarse, la oportunidad puede pasar de largo. El tema de fondo es que ellas, mujeres del siglo XIX, y él, un gay de hoy, pueden aspirar a la plena ciudadanía, sin subyugarse ante otros poderes.

Perder todo por asumir la preferencia sexual. La situación actual es muy distinta a la que yo viví cuando salí del clóset, en 1987. Entonces ser homosexual era un crimen, un pecado y hasta una enfermedad mental. Mientras estudiaba en Stanford, Estados Unidos, me reconocí a mí mismo gay y empecé a vivir como tal. Cuando volví a Chile, en 1989, hablé con mi familia y fue muy doloroso. Chile venía saliendo de la dictadura, la sociedad era muy machista, estaba muy normada. Yo tenía 25 años y al asumir mi preferencia de alguna forma los perdí a ellos, las posibilidades de trabajo, las comodidades. Tuve que ganar todo de vuelta. En cambio, hoy todo es distinto, como se refleja en la novela. Estos últimos 30 años han hecho una diferencia tremenda en la vida de un homosexual.

La soberbia juventud. Los jóvenes son soberbios desde siempre, se jactan de entender el mundo, de dominarlo. Lo veo en los talleres de literatura que doy, pero al mismo tiempo los admiro por bellos e intensos. Así también es Felipe, el protagonista. Sin embargo, con los años he aprendido que conviene ser humilde con el propio juicio e incluso con las cosas que uno cree haber logrado bien, como las propias novelas. Quizá la humildad es mi mayor aprendizaje de vida, he tenido que asimilarla a fuego lento.

¿Hay una literatura gay? Si la obra es buena, lo es independientemente de la preferencia sexual del autor. La historia literaria ha estado dominada por hombres heterosexuales, blancos, y de ahí parte la discriminación tanto hacia las mujeres como hacia los gays. Ahora la literatura se ha abierto a espacios que no estaban siendo narrados. Me parece fantástico que se plasme en libros la diversidad de la vida, y eso incluye a autores gays y escritoras lesbianas.