Ir
La maga
Soho Mexico

No se necesita haber leído a Shakespeare para tener un ataque feroz de celos, pero la persona que tiene un ataque feroz de celos está habitando sin saberlo un arquetipo shakesperiano, el de Otelo, que representa a los hombres celosos.

Shakespeare fue tan genial que se apropió de muchos rasgos universales de carácter (celos, amor, traición, lealtad, heroísmo, etcétera) a través de sus personajes, de tal forma que si el motor que te impulsa es la venganza, estás siendo hamletiano.

Crear arquetipos universales (moldes, pues) después de Shakespeare es cosa complicada. Pocos son los que lo han conseguido. El gran Julio Cortázar, que hoy tendría cien años, lo consiguió con La Maga, el personaje femenino de su libro más célebre: Rayuela. ¿Qué arquetipo representa La Maga? El de la musa, una mujer bella y distraída, vitalísima, cuya sencillez resulta ser una de sus fortalezas y atractivos principales.

Si la vida es un río, La Maga nadaba en sus aguas mientras los demás lo observaban y analizaban desde afuera (al río, pero también a ella nadando en él). Y casi todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido o buscado una Maga, incluso si no hemos leído a Cortázar. Y si lo hemos leído, peor, pues idealizamos y perfeccionamos a su personaje al grado de volverlo inalcanzable. Eso aplica para los lectores.

En el caso de las lectoras el asunto es más interesante: todas aspiran a ser La Maga. Si te asomas con curiosidad a las redes sociales, vas a descubrir que la personalidad o avatar de cientos de cuentas está relacionada con ese personaje.

Y es que además de ser la protagonista de un libro célebre, La Maga tiene rasgos que se acomodan como un guante. Es un ideal de libertad y vida en estado puro: La Maga estaba en el centro de un grupo de amigos que todo lo inventaba, todo lo cuestionaba, todo lo gozaba en medio de un ambiente de vino y jazz, de complicidad y rebeldía. Y era el objeto de amor y deseo del otro protagonista del libro, Horacio Oliveira, un filósofo sin credencial que interrogaba al mundo con un estilo y una intensidad únicos.

La Maga desaparece y Horacio Oliveira la busca por todos lados, la ve donde no está, la alucina y la vuelve el objeto de su locura y su nostalgia. 


¿Quién no persigue con locura a una mujer y pierde un poco la razón por ella? ¿Quién no está secretamente obsesionado con un ideal inalcanzable? 

Si traes un libro bajo el brazo y caminas por las calles de tu ciudad en busca de una mujer que pudiste tener, pero perdiste, habitas ya en un arquetipo: el de La Maga. Si estás dispuesto a romper todas las reglas y hacer locuras inusitadas por esa misma mujer, eres un poco un personaje de Cortázar. Esto le divertía mucho al escritor argentino.

Alguna vez, la poeta uruguaya Alejandra Pizarnik dijo: La Maga soy yo, y Cortázar no la desmintió. ¿Por qué habría de hacerlo? Que las mujeres aspiren a ser, a encarnar tu personaje debe ser una de las máximas conquistas de cualquier escritor. Podemos decir que en el mundo hay muchas más Magas de las que creemos, y muchos más buscadores de Magas de los que caben en nuestra imaginación. El talento de su autor consistió en juntar un puñado de rasgos universales y concentrarlos en un solo personaje, que funciona como un espejo para lectores de todo el mundo que ven en él o sus propios rasgos o sus propias aspiraciones.

Y tú, ¿eres La Maga o la estás buscando?

relacionadas SOHO
Comenta esta nota