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Diario de un jeiter
Rafael Carballo @rafacarballo
No, no voy a cambiar de coche
Rafael Carballo @rafacarballo

No, prefiero gastarme mi dinero en viajes. Mil veces. Tampoco es que viaje demasiado, pero prefiero matar una lana en un viaje largo que pagar el enganche de un auto. Sin duda.

Mi coche es un Pointer, tiene catorce años (estoy planeando su fiesta de quince) y funciona. Y funciona bien, debo aclarar. La edad, sin embargo, se le nota en la pintura, porque siempre ha dormido a la intemperie, y en algunos golpecitos mínimos en el chasis. Y pues también se le nota porque catorce años son catorce años.

Ahí en mi calle, donde lo estaciono, suele ser el auto más antiguo. La gente me pregunta: ¿por qué no lo renuevas? Digo, no soy rico, pero una línea de crédito por un cochecito nuevo tampoco sería imposible de pagar con lo que gano. Sin embargo, hay cosas en las que no me gusta gastar plata, por ejemplo, un coche nuevo. ¿Como por qué tendría que comprar un coche nuevo si el que tengo me funciona bien? ¿Por qué habría de enriquecer a la industria automotriz que además de todo nos empuja cada vez más cosas que no necesitamos?

No, prefiero gastarme mi dinero en viajes. Mil veces. Tampoco es que viaje demasiado, pero prefiero matar una lana en un viaje largo que pagar el enganche de un auto. Sin duda.

El problema, en realidad, es que el mundo (al menos esta puta ciudad) privilegia a la industria automotriz y entonces mi cochecito ya no circula los miércoles, a pesar de pasar sin problemas las verificaciones. Pinche gobierno. Pero tampoco es tan grave. La verdad es que evito el coche cada vez que puedo. Metro, Metrobús y taxi (de sitio o Uber) son mis métodos de transporte preferidos. Aunque admito que me gusta manejar y me gusta mucho manejar en carretera, pero esa ya es otra historia.

Una de las ventajas de tener un coche tan viejo es que suele pasar desapercibido para los amigos de lo ajeno. A quién le va a interesar, si ni siquiera tiene radio.

Hace unas tres semanas, sin embargo, forzaron la chapa del auto. Cuando llegué a mi coche, una mañana de sábado, vi que adentro estaban mis papeles y otras cosas mías todas desordenadas por todo el interior del coche y cuando quise meter la llave me di cuenta que la chapa estaba inservible.

El robo fue lo de menos. En realidad no se llevaron nada. Revisaron todos los papeles, incluyendo la tarjeta de circulación y los dejaron ahí. Se llevaron, únicamente, unos lentes oscuros que dejé en el coche. El precio de lista de esos lentes debe ser elevado, eran unos DKNY. Pero no me dolió. La verdad es que me los habían regalado cuando me mandé hacer mis anteojos para ver. Así que bueno: fácil llegaron y fácil se fueron. Lo que sí me generó un problema es que al forzar la chapa, la fastidiaron junto con la alarma, de suerte que la alarma no dejaba de sonar si intentaba encender el coche y al mismo tiempo era imposible encenderlo porque la alarma corta el sistema.

Así, un tanto enojado y sin saber qué hacer me quedé sentado dentro del coche sopesando la situación y pensando cuál sería la mejor solución. Cada dos o tres minutos, se me ocurría algo que se pudieron haber llevado los ladrones y revisaba la guantera, la llanta de refacción, mi paraguas. Nada, no se llevaron esas cosas. De pronto, recordé que tengo un monedero ahí abajo del freno de mano, a la vista pues, con monedas que uso para el parquímetro y otras eventualidades. Pensé que se habrían llevado ese botín también (al final, habría unos 100 o 150 pesos en monedas; esa cantidad no le cambia la vida a nadie, pero a nadie le caen mal, supongo).

Volteé y ahí seguía el monederito de piel. Lo levanté y tenía monedas. No se lo llevaron. Es más, podría apostar que estaba un poco más pesado.

Pienso que quizá estos ladrones vieron un coche tan viejo, descuidado, sin siquiera un radio AM para tolerar el tráfico, que se compadecieron del dueño, y me dejaron un dinerito extra en mi monedero. Seguro se preguntan: ¿por qué no cambiara de coche este tipo?

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