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Diario de un jeiter
Rafael Carballo @rafacarballo
De mi desprecio por las mayúsculas
Rafael Carballo @rafacarballo

Esta superioridad de la mayúscula, su petulancia, al arrancar una frase o un nombre propio, me genera cierto resquemor y mi deseo inmediato es aniquilar esa altivez.

De mi desprecio por las mayúsculas

siempre he sentido un desprecio contenido por las mayúsculas.

eso provoca en mi una división interna. una pequeña guerra entre mi gusto por la corrección ortográfica y la saciedad de mis deseos impuros de democratizar todas las letras.

esta superioridad de la mayúscula, su petulancia, al arrancar una frase o un nombre propio, me genera cierto resquemor y mi deseo inmediato es aniquilar esa altivez.

el problema viene con el corrector de los procesadores de palabras. no pueden evitar convertir en mayúscula la primera letra después de un punto. y hay veces que ni siquiera hace falta el punto, si uno da un enter, de inmediato, el programa modifica la primera letra del renglón virgen para convertirla en una insolente mayúscula.

la democratización, a final de cuentas, se hace tediosa y cansada, porque el procesador de palabras toma decisiones que uno no le ha pedido (ese, claro, podrá ser tema de otra entrada: ¿quién es el imbécil que programa los autocorrectores de los procesadores de texto?).

ahora que si hablamos de democratización, habrá quien sugiera, entonces, que todas las letras sean mayúsculas. pero no, así no funciona la vida. es tal la vanidad de las mayúsculas, que a la lectura, una oración forjada a base de mayúsculas es, claramente, una afrenta para nuestros ojos; es como si alguien nos gritara (y, al menos a mí, nadie me grita porque en ese momento puede irse a chingar a su madre).

la oración hecha de puras mayúsculas es, entonces, una afrenta peor que la mera fatuidad de una mayúscula individual.

en el colmo de mi batalla baladí contra las mayúsculas, este blog no me permite dejar el título en democráticas minúsculas, así que mi desprecio se eternizará con esta entrada que, al final, le ha ganado la guerra a mi neurosis.

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