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Diario de un jeiter
Rafael Carballo @rafacarballo
El último de la fila
Rafael Carballo @rafacarballo

No, no voy a hablar sobre música, sino sobre mi denigrante relación con las filas, las cuales socavan sistemáticamente mi paciencia desde hace cuatro décadas.

El último de la fila

Desde hace muchos años entendí que no importa cuál sea el método que use para escoger una fila, porque donde sea que me forme será la más lenta. No hay remedio. En general, no es tan malo; uno aprende a vivir con esas pequeñas torturas cotidianas. Sin embargo, esa saña del destino a veces me hace explotar y es que pareciera que los más improbables imponderables siempre me encuentran, por más discreto que sea.

Hace tiempo, en algunos bancos y otros lugares de trámites, optaron por el papelito con un número, en donde en lugar de hacer una fila, uno esperaba cómodamente sentado a que le llamaran. Una versión menos cómoda, pero que pretende ser igual de eficiente, es la conocida unifila, en donde hay una serie de ventanillas, pero una sola fila y uno pasa según se desocupa la ventanilla.

Cualquiera pensaría que con este tipo de implementaciones, yo habría salido bien librado, pero la verdad es otra. Parece que las circunstancias menos comunes tienen siempre manera de encontrarme. Entonces, resulta que hago la unifila, me llaman a la ventanilla y en ese momento regresa el tipo al que estaban atendiendo antes porque algo le pasó, y quien estaba atrás de mí en la fila pasa a otra ventanilla. Entonces me quedo en este limbo burocrático del que nadie te saca porque todos extravían la mirada en el cielo raso para escapar de cualquier necesidad de empatía. Ahí me quedo, fuera de la ventanilla, fuera de la fila, esperando.

Otras veces llego a la ventanilla, al parecer sin contratiempos, pero en ese momento el gerente llama al cajero que me atiende por algo urgente. Me ve y dice: “Un segundito, por favor”, y mi visita al banco, que parecía breve, se elonga hasta acabar con mi paciencia y mi buen humor (que de por sí es escaso).

Otro fenómeno que suele dejar mi autoestima por los suelos es cuando llego a hacer una fila. Una que parezca inofensiva, digamos, para comer en el comedor de la empresa. Y resulta que me formo detrás de una larga fila de 20 personas. Pasan los minutos y uno avanza lentamente. Luego ya sólo quedan 10 personas adelante, pero por alguna razón, nadie detrás de mi. Me quedo siendo el último de la fila los 20 minutos que tardo en llegar por mi comida. Nadie más tuvo que bancarse esa cola. En cambio, empieza a llegar gente cuando ya no hay fila. Es decir, esas personas aprovecharon los 20 minutos que yo estuve avanzando lentamente en una fila haciendo cualquier cosa más entretenida, para llegar a comer y no esperar nada para que les sirvan una comida que, por más que lo pienso, no vale la pena ninguna espera.

¿Cómo es que estas formas de humillación me encuentran?

En conclusión, no hay manera que algo bueno salga de una fila, así que por mí, todos saquen papelito y vayan a chingar a su madre, en unifila.

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