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Diario de un jeiter
Rafael Carballo @rafacarballo
No, no somos amigos
Rafael Carballo @rafacarballo

Si me dices "amigo", lo que yo entiendo es una declaración de guerra.

Cuán menospreciada está la amistad que cualquier tipo en la calle intenta apelar a nuestra atención antecediendo o finalizando su interlocución con la palabra “amigo”.

Que si el tipo del café me da mi americano y me dice: “Aquí tienes, amigo”.  El de los taxis me pregunta: “A dónde te diriges, amigo”. Un tipo en la calle: “Amigo, ¿me das la hora?”

A ver, recapitulemos: Gracias por el café, voy a Santa Fe y son las 10:30, pero no, no soy amigo de ninguno de ustedes.

Sépanlo, el que por alguna razón tengamos que cruzar palabra, no nos hace amigos. Ni remotamente. En términos reales yo preferiría, de hecho, ni siquiera tener que cruzar palabra con ustedes; si lo hago, es porque vivimos en una sociedad y tenemos que comunicarnos los unos con los otros. Pero nada más. Somos coetáneos, congéneres, conciudadanos, pero no amigos. No somos amigos.

En qué momento el apelativo de preferencia dejó de ser “señor” o “joven” para convertirse en “amigo”. Y no es que me encante que me digan “señor” o “joven”, pero al menos partimos de la base de que eso soy.

De verdad, si no somos amigos, ¿por qué me dices amigo, amigo?

¿Cuál es, amigo, el motivo ulterior por el que quieres crear esa ilusión de cercanía amistosa?

¿Es, acaso, la necesidad mexicana de suavizar siempre las cosas; la proclividad al eufemismo malentendido?

Pues no, amigos, no os llaméis a engaño. El apelativo que usan no sólo es mentiroso, además es una declaración de guerra. Es una mentada de madre. Es lo más apropiado que pueden decir para que nunca seamos amigos.

Así que ya lo saben.

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