Ir
Blogger
Diario de un jeiter
Rafael Carballo @rafacarballo
Vayamos a chingar a nuestra madre
Rafael Carballo

Los eufemismos son, siempre, despreciables, pero peor, aún peor, cuando el eufemismo viene de un endeble plural.

En la lengua de Cervantes hay varias formas de expresión que utilizan la conjugación en plural para suavizar frases o apelar de manera diferente al interlocutor. Están, a saber, el plural de modestia, el mayestático y el sociativo (esos reconoce el DRAE, al menos). En realidad, lo único que me gusta de estas formas engañosas del plural, son sus nombres rimbombantes, por lo demás, me parece que sobran.

 

Estos plurales, o sus nombres, además de rimbombantes, suenan complicados, pero no lo son. No voy a entrar en detalles de cuándo se usa uno u otro. En realidad no es importante. Los menciono porque en el español cotidiano de México es muy común el uso —muchas veces el mal uso— de alguno de estos plurales a manera de eufemismo. Sigue sonando complejo, pero todos los hemos oído, casi a diario, en una tienda, cuando uno llega a una cita, en la calle. A todas horas.

 

Pongo un ejemplo (bien podría decir: pongamos un ejemplo):

 

La persona que resguarda la entrada en algún edificio de oficinas y nos da una orden. En lugar de decir: “Debe esperar aquí mientras autorizan su entrada”, prefiere decir: “Tenemos que esperar aquí mientras nos autorizan su entrada”.

 

Los eufemismos, por sí mismos, son despreciables por engañosos. Pero hacer un eufemismo cambiando la conjugación del verbo me parece lo peor, lo más barato, y es algo muy, muy molesto.

 

No señor, no tenemos que esperar a que nos autoricen la entrada. Usted tiene que preguntar si me puede dejar pasar y yo tengo que esperar pacientemente o irme a la chingada. Cada quien tiene algo diferente que hacer para que la cosa funcione.

 

¿Por qué ese miedo a decir las cosas como son? Y es peor cuando por pereza o incapacidad léxica (o mental) el que habla recurre al plural para generar el eufemismo. Todo mal, pues.

 

Las cosas se dicen, o deben decirse como son. Si parece “muy fuerte”, pues entonces no las diga. Si alguien se merece una mentada de madre, pues mentémosle la madre. Si la mentada “suena muy fuerte”, quizá entonces no se merezca la mentada. Pero por supuesto, lo peor sería querer suavizar la mentada de madre con uno de estos plurales piteros. En lugar de decirle a alguien “Chinga tu madre”, diremos: “Vayamos a chingar a nuestra madre”. Chinguémosla, pues.

relacionadas SOHO
Comenta esta nota