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Deli(b)rios
Julia Santibáñez @Danioska
El Juan Rulfo que leía
Julia Santibáñez @Danioska

Ese chico que empezó escribiendo con flojera, leía desaforadamente.

"Me tocó la época de los cristeros. La abuela no nos dejaba salir de casa, que estaba frente a un cuartel. El cura dejó su biblioteca guardada en mi casa. Me habitué a la lectura: si me pagaran por leer estaría del otro lado”, dijo Rulfo en entrevista a Proceso en 1980. Y añadió: “Ya en la escuela, en la primaria, nos dejaban composiciones. Me daba mucha flojera escribir. Yo me hacía tonto. Improvisaba, no escribía. Hasta que me dieron unos reglazos".

Con dos libros, el autor de Sayula, Jalisco, tuvo suficiente para que la literatura hispanoamericana lo cuente entre sus autores indispensables. Porque con ellos transformó la manera de escribir, con esos cuentos de El llano en llamas que sacuden las raíces de quien los lee, con ese Pedro Páramo que Gabriel García Márquez llamó "la novela más bella que se ha escrito desde el nacimiento de la literatura en español". Y ese Rulfo, ese chico que empezó escribiendo con flojera, leía desaforadamente. No es casual.

Hoy se cumplen 30 años de su muerte y recuerdo lo que le dijo Gonzalo Rojas, cuando se conocieron: "Los poetas no mueren, quedan encantados". Pues sí, Rulfo se quedó encantado. Leyendo.

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