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Julia Santibáñez @Danioska
Los heroes al volante de la Fórmula 1 o las anécdotas que han rodeado al Gran Premio de México
Julia Santibáñez @Danioska

¿En qué momento de México llega esta vez el Gran Premio?

Este nuevo libro responde ricamente preguntas como ¿por qué en Ayrton Senna pateó al jefe de pista del Autódromo en 1987? ¿cómo vivió el papá de Ricardo Rodríguez la muerte de su hijo en la pista? y ¿qué películas estaban de moda durante el Gran Premio de 1966?

“Pero qué poca madre”. En este buen español resume el historiador Alejandro Rosas el incidente del perro que en 1970 se le atravesó a Jackie Stewart, piloto escocés de Fórmula 1, y le rompió la dirección cuando iba a 200 kilómetros por hora en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Con anécdotas como ésta, su nuevo libro le pone el mejor sabor al tema del momento: el regreso del Gran Premio al país, este fin de semana.

Más en específico, Héroes al volante. La Fórmula 1 en México (Editorial Planeta) recupera la vida cotidiana en los dos momentos en los que se corrió: de 1962 a 1970 y de 1986 a 1992. Es decir, no es un libro de estadísticas ni tecnicismos, sino uno que cuenta sabrosamente los chismes de la política, por qué Ayrton Senna pateó al jefe de pista del Autódromo, cuánto costaba un refresco en las gradas, cómo vivió el papá de Ricardo Rodríguez la muerte de su hijo, qué películas estaban de moda durante el Gran Premio de 1966 y qué piloto era amigo de George Harrison. Rosas sabe que “el diablo está en los detalles” y por eso cuenta sin poses las anécdotas que vuelven de carne y hueso a los famosos, que ofrecen el retrato de una sociedad. Aunque es riguroso con la veracidad, este fan desatado de la Fórmula 1 entrega un texto con humor, que pone de buenas. Con libros como Mitos de la historia mexicana, 99 pasiones en la historia de México y Érase una vez México además de participar en televisión en El refugio de los conspiradores y aparecer a cada rato en los medios, Rosas ahora presenta este título tanto para expertos en el tema como para quienes no sabemos nada de él, pero disfrutamos que nos lo den platicadito. Esto me dijo al respecto.

¿En qué momento de México llega esta vez el Gran Premio?
Ha sido un año difícil. Lo de Ayotzinapa ha marcado y existe la percepción de que la moneda se está devaluando como en sexenios anteriores, aunque no es así. Pero a nivel de sociedad, si en 1970 la Fórmula 1 se canceló porque la gente dio portazo, se metió al circuito y nadie la pudo controlar, en 2015 somos más maduros. No creo que sea necesario poner granaderos para evitar excesos. Me parece bien que sea CIE quien traiga el Gran Premio, porque previamente ha presentado lo mejor del espectáculo mundial: Michael Jackson, U2, Madonna y Paul McCartney. Ya estamos educados en cuanto a eventos internacionales. No creo que el Gran Premio vaya a ser diferente a lo que veremos pronto en el partido de la NBA o en el concierto de Madonna. Aunque hay amenazas de boicot, creo que todo va a transcurrir en calma.

¿Cómo será esta vez la reacción de la gente que asista al Autódromo?
Creo que va a haber una inundación de selfies, y si no se cae la red por exceso de demanda, Twitter y Periscope van a ser grandes participantes. Además, no van a faltar los amargados que cuestionen “por qué la ciudad gasta en esto, por qué la gente va a algo banal si no han aparecido los 43”, pero creo que es un evento que le da prestigio al país. En cuanto a anécdotas, esperemos que haya algunas que podamos rescatar en unos años, como la del perro que se le atravesó a Stewart.

¿Checo Pérez puede ser el héroe de este fin de semana?
Su participación le va a dar brillo, siempre es padre ver correr a un mexicano en una categoría internacional. Además, si bien en la primera etapa del Gran Premio hubo pilotos nacionales, en los 80 no corrió ninguno. En este momento ya está decidido el campeonato porque Lewis Hamilton acaba de asegurarse en Austin el título. Sin embargo, Checo es un personaje similar a González Iñárritu en el cine o Paola Longoria en el raquetbol: demuestran que los esfuerzos personales son los que llevan a destacar en México. Sin embargo, es difícil que llegue más allá de un quinto o sexto lugar. La gente lo quiere, seguro cada vez que pase lo van a ovacionar y si alguien se le cierra le van a gritar “culeroooo”, como le gritaban a Senna, por divo.

Tus temas son Madero, Villa, la Revolución. ¿Por qué los dejas de lado para hablar de pilotos de carreras?
Me fascinan ambos tipos de personajes, que llevan la vida al límite, se salen de su zona de confort. Si a un piloto de Fórmula 1 les das la opción entre un auto no muy seguro que termina en un segundo menos o uno totalmente seguro que tarda más, todos eligen el primero. Lo que los une con los personajes de la historia de México es que en ambos casos dan pasos que no cualquiera se atreve. Yo no llamo héroes a los protagonistas de la historia, es darles una connotación de dioses. Lo indiscutible es que llevaron la vida al extremo. No te explicas a un Pancho Villa asesino y genial en la guerra o a un Madero espiritista que dejó su fortuna para cambiar al país. Fue gente común que se puso en juego. Igual los pilotos: aunque hay muchas medidas de seguridad se pueden matar y sin embargo salen a correr.

Tu profesión como historiador no es precisamente de riesgo…
No, yo me puedo morir de sedentarismo rodeado de libros, pero también me gusta probar el extremo. He disfrutado muchísimo bucear con el tiburón blanco y saltar solo en paracaídas, es decir, manejando mi propio paracaídas. Son cosas de aficionado, pero me encanta salir de los límites. Supongo que investigar sobre esa gente me hace vivir la adrenalina a través de ellos.

¿Admiras a los personajes de los que escribes?
Sí, soy empático con ellos. Me conmoví cuando conté en Héroes al volante sobre la muerte de Ricardo Rodríguez, sobre cómo su papá estaba en los pits esperando que diera la vuelta y se dio cuenta de que algo había pasado porque no cruzaba la línea. Y lo mismo con los personajes de la historia que la gente ve como malos. Sin importar la etiqueta que tengan me gusta quererlos, no verlos como héroes o villanos sino como seres humanos y tratar de entenderlos, aunque no necesariamente justificarlos.

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