Ir
Blogger
Deli(b)rios
Julia Santibáñez @Danioska
El hecho de que alguien haya muerto no significa que no exista: Julian Barnes
Julia Santibañez

El dolor infinito de perder a alguien. No. No a alguien sino a la persona que le da sentido a quien eres y sin la cual no te interesa cómo se organiza el mundo.

El autor inglés se enfrentó a la página en blanco para tratar de poner en ella la ausencia. Y escribió este libro superlativo.

El dolor infinito de perder a alguien. No. No a alguien sino a la persona que le da sentido a quien eres y sin la cual no te interesa cómo se organiza el mundo. “Te preguntas: ¿en qué medida, en este torbellino de añoranza, la añoro a ella o añoro la vida que tuvimos juntos, o añoro lo que en ella me hacía ser más yo mismo, o el simple compañerismo o el (no tan simple) amor, o todo esto o pedazos superpuestos de cada cosa? Te preguntas: ¿qué felicidad hay en el solo recuerdo de la felicidad?”. En el tercer capítulo de Niveles de vida (Anagrama, 2014), el escritor mayúsculo que es Julian Barnes enfrenta con palabras la desesperanza por la muerte de su mujer. Se desboca en el dolor y recuerda ese texto igualmente poderoso de C. S. Lewis: Una pena observada. El resultado son párrafos descarnados, de una belleza que corta como un cuchillo dulce: “Es lo que muchas veces no comprenden los que no han cruzado el trópico del duelo: el hecho de que alguien haya muerto puede significar que no está vivo, pero no significa que no exista. Hablo con ella continuamente. Es algo tan normal como necesario. Le comento lo que estoy haciendo (o lo que he hecho durante el día); le señalo cosas mientras conduzco; articulo sus respuestas”.

La forma de Barnes de poner en claro el duelo ha hecho que en la calle lo detenga gente para agradecerle de manera personal el libro. Es que sin duda sacude. En lo personal, lo que más me impresionó es cómo primero dice que ante tanto dolor pensó en matarse, pero luego cambió de opinión: “Llevó su tiempo, pero recuerdo el momento -o, mejor dicho, el argumento que brota de repente- que hizo menos probable que me suicidase. Comprendí que, en la medida en que mi mujer estaba viva, lo estaba en mi memoria. Claro que también pervivía intensamente en la mente de otras personas; pero yo era quien más la rememoraba. Si ella estaba en algún sitio, era dentro de mí, interiorizada. Esto era normal. Y era igualmente normal -e irrefutable- que no podía matarme porque entonces también la mataría a ella. Moriría por segunda vez, y mis luminosos recuerdos de ella se perderían en la bañera enrojecida”.

Ufff, qué hago ahora con esta imagen brutal: el escritor no puede suicidarse porque es él, el amante, quien mantiene vivo el recuerdo de la mujer que amó. No puedo seguir leyendo.

Niveles de vida

Julian Barnes
relacionadas SOHO
Comenta esta nota